Historia · 12 min de lectura

Allpas, Acobamba: guía completa del complejo arqueológico y sus 700 ventanillas

700 nichos tallados en roca volcánica, un centro ceremonial y viviendas circulares: guía y crónica de visita al complejo arqueológico de Allpas en Acobamba.

Vista panorámica del Complejo Arqueológico de Allpas con las ventanillas talladas en las laderas rocosas de Acobamba, Huancavelica

Hay lugares que te detienen sin aviso. Llegas caminando por una ladera de cerro, entre paja brava y roca gris, y de pronto la pared que tienes enfrente está viva: cubierta de cientos y cientos de huecos tallados en la piedra, dispuestos en filas irregulares que ascienden hasta donde alcanza la vista. Es la primera impresión que te da el Complejo Arqueológico de Allpas, en la provincia de Acobamba, Huancavelica.

Conocido popularmente como “las ventanillas de Allpas”, este sitio es uno de los conjuntos de enterramientos prehispánicos más grandes e impresionantes del Perú. Sus más de 700 nichos funerarios tallados en tufo volcánico superan en número a las famosas Ventanillas de Otuzco en Cajamarca, aunque su fama nacional todavía no está a la altura de lo que guarda. Esto lo convierte, paradójicamente, en uno de los destinos más auténticos de la región: turismo arqueológico real, sin multitudes, sin artificio, solo roca y silencio andino.

Esta guía recorre sus cuatro sectores con detalle, explica su historia y te da todo lo que necesitas para visitarlo.


El escenario: dónde está Allpas y cómo se llega

Camino de acceso al Complejo Arqueológico de Allpas entre cerros y vegetación andina de Acobamba

El complejo se ubica en la comunidad de Allpas, en las alturas del distrito y provincia de Acobamba, a aproximadamente 3,200 m.s.n.m. La localidad de Acobamba dista unos 53 km de la ciudad de Huancavelica por vía asfaltada.

Desde Acobamba pueblo se sigue un camino de trocha hacia la comunidad de Allpas, que dura entre 20 y 40 minutos dependiendo del estado de la vía. A partir de la comunidad, el recorrido al complejo es a pie: entre 15 y 25 minutos subiendo por sendero hacia las laderas donde se ubican los sectores.

Lo más práctico es combinar la visita con una excursión de un día completo desde la ciudad de Huancavelica o desde Acobamba si te quedas en la zona.

700Nichos funerarios tallados en tufo volcánico
4 sectoresHatun Rumi, Ventanillas, Viviendas circulares y Plataformas
3,200 mAltitud aproximada del complejo
53 kmDistancia desde Huancavelica a Acobamba
2009Año de declaración como Patrimonio Cultural de la Nación
120 × 80 mDimensiones del cerco perimetral de Hatun Rumi

Historia: ¿quién construyó Allpas?

La comunidad de Allpas y su complejo arqueológico corresponden a una cultura prehispánica de la sierra central que antecede a la expansión del Imperio Inca. Los estudios realizados por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y el entonces Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura) sitúan la construcción y uso del complejo en el Período Intermedio Tardío (900–1450 d.C. aprox.), época en la que la región andina estuvo organizada en grupos étnicos o señoríos regionales antes de ser incorporados por los incas.

Lo que más distingue a este sitio es la combinación de funciones que reunía en un mismo espacio: culto a los muertos (enterramientos en los nichos), ceremonias religiosas (sacrificios en Hatun Rumi), vivienda de élite (los recintos circulares) y producción agrícola (las plataformas con sistemas de irrigación). Este mix de usos en un área relativamente compacta sugiere que Allpas fue el centro político-ceremonial de una comunidad que tenía un sistema de creencias y organización social bien desarrollado.

Paisaje de los cerros de Acobamba con terrenos agrícolas en terrazas y cielo andino sobre el Complejo Arqueológico de Allpas

Los investigadores han identificado que los constructores de Allpas trabajaban el tufo volcánico —una roca relativamente blanda formada por cenizas volcánicas compactadas— mediante la técnica de percusión directa, lo que les permitía tallar los nichos y las paredes sin necesidad de herramientas de metal. Se usaban piedras duras más pequeñas para golpear y desbascar la roca, creando cavidades perfectamente dimensionadas para recibir los cuerpos de los difuntos.

Con la llegada del Tahuantinsuyo, el sitio fue probablemente integrado al sistema administrativo y religioso inca, como sugiere el camino real labrado en roca que atraviesa el sector de Trancaqasa —una marca inequívoca de ingeniería inca en la topografía—, aunque los elementos constructivos fundamentales del complejo son anteriores a esa época.


Sector 1: Las Ventanillas — 700 nichos que cuentan a sus muertos

Vista general de las ventanillas del Complejo Arqueológico de Allpas: cientos de nichos funerarios tallados en tufo volcánico en las laderas de Acobamba

El primer impacto visual del complejo son las ventanillas, y es difícil exagerar lo que transmiten en directo. La palabra ventanilla es local y descriptiva: desde lejos, la pared rocosa parece perforada por cientos de ventanas pequeñas abiertas al cielo. De cerca, te das cuenta de que cada una de esas aberturas es un nicho funerario de dimensiones variables, tallado con precisión milimétrica en la roca volcánica.

El complejo cuenta con más de 700 nichos, distribuidos desordenadamente a lo largo de los cerros denominados Manchaylla, Ururumay y Paltamchay. Están situados a unos 150 metros del sector de Hatun Rumi y son el elemento más impactante del conjunto.

Detalle de los nichos funerarios de Allpas: tallado en tufo volcánico con técnica de percusión, distintos tamaños y profundidades Fila de ventanillas en la ladera del cerro Manchaylla, Complejo Arqueológico de Allpas, Acobamba, Huancavelica

¿Para qué servían estos nichos?

Existen tres hipótesis académicas que no son mutuamente excluyentes:

1. Enterramientos de élite: La interpretación más extendida es que los nichos servían como sepulturas para personas de la clase alta o con roles ceremoniales en la comunidad. Las dimensiones de los nichos —que varían notablemente entre sí— podrían reflejar el rango o la posición social del difunto.

2. Refrigeración y conservación de mallkis: Una segunda lectura, bien fundamentada en fuentes coloniales y etnográficas, propone que los nichos funcionaron como cámaras para conservar mallkis —término quechua para las momias de los antepasados—. En la cosmovisión andina, las momias de los ancestros eran veneradas, consultadas en rituales y consideradas presencias activas en la vida de la comunidad. Los nichos los preservarían y aislarían del deterioro.

3. Depósitos rituales: Una tercera hipótesis los considera hornacinas para ofrendas y pagos a los Apus —las deidades montaña propias de la religiosidad andina—. En esta lectura, los nichos no contendrían cuerpos sino objetos ceremoniales, textiles, alimentos y minerales ofrendados a las fuerzas naturales que gobernaban la vida comunitaria.

🔍 Un dato que lo hace único: Con sus más de 700 nichos, las ventanillas de Allpas superan a las Ventanillas de Otuzco (Cajamarca), que cuentan con alrededor de 337 nichos y son consideradas el grupo funerario más conocido del Perú. Allpas es, en términos numéricos, el mayor conjunto de este tipo del país — aunque su difusión turística todavía no refleja esa realidad.

Las diferentes dimensiones y profundidades de los nichos también refuerzan la idea de usos distintos para distintas categorías: algunos son apenas oquedades de 30 cm de ancho, otros alcanzan más de 80 cm de profundidad, suficiente para contener un fardo funerario completo.

Primer plano de un nicho funerario del Complejo de Allpas con detalle del tallado en la roca volcánica

Lo que más impresiona al recorrer este sector no es solo la cantidad, sino la densidad visual: en ciertos puntos de la ladera, la roca está tan repleta de nichos que apenas queda superficie libre. Es como si la comunidad hubiera necesitado registrar a sus muertos en la misma piedra del cerro, hacerlos parte permanente del paisaje, guardarlos en el cuerpo de la montaña.

Llevas un rato mirando y entonces entiendes que ese cerro gris que ves desde el camino de acceso no es un cerro natural: es un cementerio tallado, un archivo de generaciones, una biblioteca de difuntos escrita en piedra volcánica.


Sector 2: Hatun Rumi — El corazón ceremonial del complejo

Vista del sector Hatun Rumi del Complejo Arqueológico de Allpas: recinto perimetral de 120 por 80 metros con la gran roca ceremonial en la cabecera

A unos 150 metros de las ventanillas, enmarcado por un cerco perimetral de 120 por 80 metros, se encuentra el corazón ceremonial del complejo: el sector conocido como Hatun Rumi, que en quechua significa “piedra grande”.

El nombre es literal. En la cabecera del recinto se levanta una gran roca ceremonial de dimensiones singulares, cuya superficie superior ha sido cuidadosamente labrada con una serie de elementos: una plataforma de trabajo, hoyos de distintas profundidades, un pozo y un anillo tallado en la piedra. Este tipo de modificación intencionada sobre las rocas naturales es característica de los sitios de sacrificio y culto andino del período prehispánico.

Roca ceremonial del sector Hatun Rumi con plataforma labrada, hoyos y pozo tallados en piedra, Complejo Arqueológico de Allpas

Los investigadores interpretan el conjunto de hoyos, pozo y anillo como un sistema de canales y depósitos para la circulación de líquidos sacrificiales —sangre, chicha, agua— durante los rituales. La plataforma en la cima de la roca sería el altar propiamente dicho, el punto donde se realizaban los actos de ofrenda.

El recinto no es solo la roca central. El cerco perimetral que rodea el espacio tiene una función clara: delimitar el espacio sagrado del espacio profano, crear una frontera entre el mundo cotidiano y el mundo de las deidades. Entrar al recinto significaba, para la cultura que lo construyó, cruzar al dominio de lo sobrenatural.

La orientación del recinto, el posicionamiento de la roca principal en la “cabecera” y la presencia del manantial a solo 20 metros —del que hablaremos más adelante— forman un sistema ceremonial coherente que articula tres elementos fundamentales de la cosmovisión andina: la roca como cuerpo de los Apus, el agua como fuente de vida y los muertos como ancestros que median entre vivos y dioses.


El manantial: el agua que nace de la roca

A unos 20 metros de la roca ceremonial de Hatun Rumi, en una depresión natural de la ladera, brota un manantial de montaña. Lo notable no es solo su presencia —el agua que surge espontáneamente en las alturas siempre ha sido sagrada en la tradición andina— sino que en su base hay otra roca labrada: una forma rectangular tallada en la piedra de la que emergen las aguas, que son conducidas directamente hacia el pozo de la roca ceremonial principal.

Manantial sagrado del Complejo Arqueológico de Allpas con roca de forma rectangular labrada a su base y aguas que fluyen hacia el pozo de Hatun Rumi

Esta conexión hidráulica entre el manantial y el altar no es casualidad: es ingeniería ritual. El agua del manantial, al fluir por la roca labrada antes de llegar al pozo, quedaba simbólicamente purificada o activada por el poder de la piedra sagrada. La misma lógica que rige los sistemas de acequias ceremoniales del Cusco o los canales de Tiahuanaco funciona aquí a escala de comunidad local.

Hoy el manantial sigue activo. Sus aguas claras y frías corren por el mismo canal en la roca que tallaron hace siglos. No hay nada instalado alrededor: solo la piedra, el agua y el silencio del cerro.


Sector 3: Las Viviendas Circulares — Huáscar, Trancaqasa y Qaqacucho

Sector de viviendas circulares del Complejo Arqueológico de Allpas en la parte más alta del conjunto, con recintos de base circular construidos en roca

Continuando la subida hacia la parte más alta del complejo, a unos 900 metros al norte de Hatun Rumi, se llega al área residencial-ceremonial del sitio: tres grupos de viviendas circulares que llevan nombres propios: Huáscar, Trancaqasa y Qaqacucho.

Estas estructuras son características de la arquitectura andina del Período Intermedio Tardío. Muchos de los recintos están labrados en las propias rocas del cerro, aprovechando la forma natural de la piedra para levantar las paredes. Los espacios interiores son reducidos —lo suficiente para una persona o para depósitos ceremoniales— y están agrupados alrededor de plazas.

Plaza circular del sector Huáscar en el Complejo Arqueológico de Allpas, rodeada de recintos de base circular construidos en piedra Sector Trancaqasa del Complejo Arqueológico de Allpas con recintos de planta rectangular y camino real labrado en la roca

Las diferencias entre los tres sectores son perceptibles:

  • Huáscar concentra los recintos con plazas circulares: espacios abiertos de forma ovalada o circular rodeados de estructuras habitacionales. Sugiere un tipo de organización comunal donde la plaza central era el eje de la vida colectiva.
  • Trancaqasa y Qaqacucho, en cambio, tienen plazas de forma rectangular, más asociadas al modelo de organización del Tahuantinsuyu, donde la plaza cuadrada o rectangular era el espacio de reunión y control.

El camino real labrado en roca

Uno de los elementos más singulares de este sector es un camino real que atraviesa Trancaqasa: un sendero estrecho y extremadamente angosto, labrado directamente en la roca, que sigue la topografía del cerro de manera precisa.

Camino real preincaico o inca labrado en roca en el sector Trancaqasa del Complejo Arqueológico de Allpas, Acobamba, Huancavelica

La angostura del camino es intencionada: los investigadores consideran que estaba diseñado para el control del tránsito. Solo podía pasar una persona a la vez, lo que facilitaba la vigilancia de quién entraba y salía del sector residencial. Este tipo de control de acceso es conocido en otros sitios del Tahuantinsuyu como mecanismo de seguridad en zonas de élite o almacenamiento de bienes.

La presencia de este camino labrado en roca refuerza la hipótesis de que el sector fue utilizado —o remodelado— durante la etapa inca, aunque la base residencial sea anterior.

En estos sectores también se han encontrado, dispersos por el suelo y en las grietas de las rocas, fragmentos de cerámica de distintos períodos: algunos toscos, con acabado rugoso, correspondientes a las tradiciones locales del Intermedio Tardío; otros con decoración geométrica, posiblemente asociados a la presencia inca. También hay evidencia de fosas de entierro y restos de lo que fue un extenso sistema de andenes agrícolas, aunque gran parte de estos fue destruido por la propia población comunal durante las últimas décadas.


Sector 4: Las Plataformas de Ichuwasi e Incakucho

Bajando desde las viviendas circulares, en la parte más baja del conjunto, se encuentran dos plataformas de base circular construidas en terraza: los sectores denominados Ichuwasi e Incakucho.

Plataformas circulares del sector Ichuwasi del Complejo Arqueológico de Allpas con evidencia de canales de irrigación labrados en la roca

La forma circular de las plataformas, bastante inusual para estructuras agrícolas, abre la posibilidad de un doble uso: ritual y productivo a la vez. En la tradición andina, estas dos dimensiones no se excluían; al contrario, el acto de sembrar era también un acto de ofrenda, y los campos más sagrados eran los más productivos.

Lo que hace definitiva la hipótesis de uso agrícola-ritual es el hallazgo en este sector de una roca pequeña labrada con hoyos y canaletas: las canaletas se bifurcan en diferentes direcciones y tienen formas zigzagueantes, lo que los investigadores interpretan como un religio de culto al agua. Las mismas canaletas que guían el agua por la roca funcionan como un mapa del ciclo hídrico: la lluvia que cae de los Apus, el agua que riega los campos, el agua que se ofrenda a la tierra.

🌊 El culto al agua en Allpas: La presencia de al menos tres elementos de culto al agua en el complejo —el manantial de Hatun Rumi, los canales del altar ceremonial y las canaletas zigzagueantes de las plataformas— indica que el control simbólico del agua era central en el sistema religioso de la cultura que habitó Allpas. En un territorio de montaña donde las lluvias son estacionales y la agricultura depende del deshielo y los manantiales, este culto no es abstracto: es supervivencia cosmologizada.


El reconocimiento oficial: patrimonio cultural de la Nación

El Complejo Arqueológico de Allpas fue formalmente declarado Patrimonio Cultural de la Nación mediante la Resolución Directoral Nacional N.º 470-INC, firmada en Lima el 24 de marzo de 2009 por el entonces Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura del Perú).

Esta declaración protege legalmente el sitio frente a cualquier tipo de modificación, extracción o uso no autorizado. Sin embargo, la situación actual del complejo es calificada técnicamente como “regular”: aunque no hay daños estructurales graves en la roca volcánica —que resiste bien los ciclos climáticos andinos—, el sitio carece de:

  • Señalética de acceso e interpretativa
  • Personal de vigilancia permanente
  • Mantenimiento del sendero
  • Infraestructura de saneamiento para visitantes
  • Plan de gestión turística activo
Estado actual del Complejo Arqueológico de Allpas con vegetación creciendo entre los nichos y ausencia de señalética o infraestructura turística

Este contraste entre el valor patrimonial del sitio y la falta de infraestructura no es exclusivo de Allpas: es el patrón general de cientos de sitios arqueológicos declarados en el Perú que no tienen presupuesto de gestión. La declaratoria los protege en papel, pero la realidad sobre el terreno depende de la voluntad política y los recursos de las instancias locales y regionales.

Lo que sí existe, y es notable, es la conciencia de la comunidad de Allpas sobre el valor de su patrimonio. Los pobladores locales son los mejores guías del complejo y tienen un conocimiento profundo del sitio, transmitido de generación en generación, que muchas veces supera en detalle y en matiz lo que recogen los informes técnicos.


Lo que encontrarás al visitar: crónica personal

Llegamos al complejo entrada la mañana. El camino desde la comunidad sube por una ladera de paja brava y piedra suelta, con vistas hacia el valle y los cerros que rodean Acobamba por todos los flancos. La altitud se nota al caminar: no impide moverse, pero sí dicta el ritmo.

El primer sector que aparece son las ventanillas. No hace falta buscarlo: la pared del cerro de repente cambia de textura, y donde antes había roca lisa ahora hay decenas de huecos regulares. Luego decenas más. Luego ya no puedes contarlos.

Visitante frente a las ventanillas del Complejo Arqueológico de Allpas viendo de cerca los nichos funerarios tallados en la roca Recorrido por el sendero del Complejo Arqueológico de Allpas entre los sectores de ventanillas y Hatun Rumi en Acobamba

Lo que más llama la atención en persona, algo que las fotos no transmiten del todo, es la escala. El cerro entero está perforado. Hay nichos en la parte baja de la pared a la que puedes llegar estirando el brazo, y hay nichos a quince metros de altura sobre tu cabeza, inaccesibles hoy para cualquier visitante, a los que solo se llegaba —si acaso— con andamios o cuerdas. La cultura que los construyó no eligió la comodidad para sus muertos: los puso en los lugares más altos, más cercanos al cielo y al viento.

El sector de Hatun Rumi impresiona de otra manera: por su silencio y su escala humana. El cerco de 120 metros es grande, pero no masivo. La roca ceremonial en la cabecera tiene una presencia física innegable incluso si no sabes qué es — hay algo en su peso y en la forma en que la luz cae sobre las marcas talladas que te hace bajar la voz sin que nadie te lo pida.

Detalle del tallado en la roca ceremonial de Hatun Rumi: hoyos, canaletas y superficie labrada usada para sacrificios y ofrendas en el Complejo de Allpas

El manantial que brota a pocos metros del altar es un hallazgo que muchos visitantes pasan por alto. Merece detenerse: el agua sigue en el mismo canal que tallaron hace siglos, haciendo el mismo recorrido que hacía cuando el complejo estaba activo. Un milenio de agua corriendo por la misma piedra.


Guía práctica para visitarlo

53 kmHuancavelica → Acobamba por carretera asfaltada
2.5 – 3 hTiempo total de visita al complejo (sin prisa)
LibreSin tarifa de ingreso actualmente
Abr – OctTemporada seca, ideal para visitar

Cómo llegar

Opción 1 — Desde Huancavelica en un día: Salir temprano desde la ciudad de Huancavelica hacia Acobamba por la carretera que conecta ambas provincias (~1 hora a 1.5 horas). Desde Acobamba pueblo, tomar mototaxi o camioneta hacia la comunidad de Allpas (30–40 min). Ascender a pie al complejo (20 min). Tener en cuenta que el regreso se hace por el mismo camino.

Opción 2 — Hospedaje en Acobamba: La ciudad de Acobamba tiene opciones básicas de alojamiento. Quedarse la noche permite salir temprano al complejo, aprovechar la mejor luz de la mañana y visitar otros atractivos de la provincia.

Opción 3 — Tour organizado desde Huancavelica: Algunas agencias de Huancavelica incluyen Allpas en circuitos de turismo arqueológico provincial. Consultar disponibilidad directamente en la ciudad.

Qué llevar

  • Calzado de trekking o zapatillas con suela gruesa (terreno irregular)
  • Ropa de abrigo: incluso en verano la temperatura baja en altura, especialmente con viento
  • Agua: mínimo 1.5 litros por persona
  • Snack o refrigerio ligero
  • Protector solar factor 50+ (la radiación UV a 3,200 m es muy alta)
  • Cámara (las fotos del sitio son especialmente buenas con luz de mañana temprana)
  • Bastones de trekking, opcionales pero útiles en el ascenso

Cuándo ir

TemporadaMesesCondiciones
SecaAbril – OctubreCielos despejados, camino transitable, luz ideal para fotografía
LluviasNoviembre – MarzoCamino de trocha puede complicarse, cielos nublados, menor visibilidad

📍 Consejo clave: El amanecer desde el complejo en los meses de temporada seca es extraordinario. Si puedes organizar la visita para llegar al sitio entre las 7:30 y las 9:00 a.m., tendrás la mejor luz del día, el silencio previo a la actividad comunal y la temperatura más agradable. Llevar binoculares: desde la parte alta del sector de viviendas circulares se ven los valles de la provincia de Acobamba con claridad excepcional.


Por qué merece más visitas de las que recibe

El Complejo Arqueológico de Allpas es uno de esos sitios del Perú profundo que tendrían multitudes si estuvieran en el Cusco o Arequipa, pero que en Huancavelica reciben a un puñado de visitantes por semana. No porque no valga la pena —ya has leído que sus 700 nichos superan a las Ventanillas de Otuzco en número—, sino porque la ruta turística nacional todavía no ha llegado hasta aquí.

Eso tiene un lado positivo: cuando llegas, el sitio es tuyo. No hay aglomeraciones. No hay vendedores de souvenirs. No hay colas para la foto. Hay el cerro, la roca, los nichos, el manantial y el sonido del viento en la paja brava.

La comunidad de Allpas conoce y cuida su patrimonio con orgullo. Si encuentras un poblador local al inicio del camino —cosa frecuente—, un guía informal del lugar puede transformar la visita: el conocimiento oral que tienen sobre el complejo, los nombres de cada cerro, los relatos sobre lo que sus abuelos les contaron de los nichos, no está en ningún libro.

“Nuestros antepasados los pusieron ahí arriba para que estuvieran cerca del cielo. Allá los cuida el Apu.” — Poblador de la comunidad de Allpas, visita 2026

Si visitas Huancavelica y tienes un día libre, Allpas es la excursión que te vas a recordar.


Referencias

  • Ministerio de Comercio Exterior y Turismo — MINCETUR. Plan Estratégico Regional de Turismo Huancavelica. Lima, diciembre de 2019.
  • Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Las Ventanillas de Allpas. Febrero de 2009.
  • Ministerio de Cultura del Perú. Resolución Directoral Nacional N.º 470-INC. Lima, 24 de marzo de 2009.
  • Consultasenlinea.mincetur.gob.pe — Ficha de Inventario Recurso Turístico N.º 2418, Complejo Arqueológico de Allpas.